Víctor Coyote no es hombre de autopistas ni de vías transitadas por miles y miles de personas al año. Cada cierto tiempo, el artista de Tui se pasea por paisajes y lugares por los que no suele pasar demasiada gente. Este tipo de carreteras no suelen estar en mal estado -por lo menos no tanto como piensan muchos- y tampoco son tan difíciles de encontrar en la era de lo que se llamaba hasta hace unos siete años, el Tom Tom. Son Las Comarcales.

Pero hablemos de música, no de turistas y viajeros. Las vías musicales no tan frecuentadas son ricas, variadas, extrañas e importantes. Y sobre todo muy directamente expresivas, al estar inundadas de influencias populares. La música cateta -hablemos claro, por favor- suele estar desprovista del barniz retórico de cierta intelectualidad, suele tener menos prejuicios culturales globales, aunque es posible que sea mas grosera y no siempre la buena intención sea su fin último.

Los trayectos por las rutas secundarias de la música son casi diarios en la vida de Víctor Coyote y eso siempre ha enriquecido sus grabaciones con dos características fundamentales: la riqueza rítmica que aporta alejarse de vez en cuando de los omnipresentes compases rockeros de cuatro por cuatro y la riqueza en lengua y literatura que aporta escuchar canciones escritas en tu idioma -o en otro que conozcas- por poetas, paisanos o músicos de lugares diferentes.

Por otra parte, Las Comarcales suena como suena siempre Víctor Coyote, cuenta lo que cuenta siempre Víctor Coyote, hace sentir lo que siempre hace sentir Víctor Coyote. Es, una vez más, el punto en el que confluyen artistas dispares como Tom Waits y Marc Anthony, Velázquez y Vázquez -el de Anacleto, agente secreto-, John Cheever y Corín Tellado.

Con Las Comarcales, Víctor Coyote lo ha vuelto a hacer de nuevo. Quiero decir: Otra vez, como si fuera nuevo.