Un homenaje al futurismo tropical, la cumbia mexicana y las historias musicales compartidas de México y Colombia, con doble colaboración de Beck

Instituto Mexicano del Sonido & Meridian Brothers lanzan Ruido Tovar (Ansonia Records, 2026), un álbum colaborativo inspirado en la música tropical mexicana de finales de los años setenta y principios de los ochenta. Guiado por los referentes del neotropical y el post-cumbia, Eblis Álvarez y Camilo Lara, Ruido Tovar explora y expande el gran salto sonoro que ocurrió cuando los músicos mexicanos pasaron de los instrumentos tradicionales a los sintetizadores. Cuenta con la doble colaboración del norteamericano Beck.

Descrito por Lara como “un álbum futurista” y “una colaboración largamente esperada”, Ruido Tovar fue creado en tiempo récord: apenas una semana de trabajo en el estudio de Lara, en enero de 2025. Impulsadas por el estilo collage autodidacta de Lara y el enfoque académico de Álvarez en la composición, las canciones del álbum son producto de una simbiosis impresionante entre Meridian Brothers e Instituto Mexicano del Sonido, o como lo define Lara: “dos trenes chocando a toda velocidad”. Ruido Tovar ya está disponible en todas las plataformas.

“Eblis empezó a venir mucho a México y se empapó de la cumbia mexicana, que ya sabía que era muy distinta a la colombiana», explica Lara. “Así que comenzamos a enfocarnos en un periodo específico, entre el ‘72 y el ‘82, y decidimos hacer un álbum con esa esencia: música emocionante y extraña.”

“En Colombia, tropical es un término genérico, pero en México es un género de raíces, especialmente de grupos de Acapulco, donde tenían un formato rock con guitarras eléctricas, batería y órganos», describe Álvarez. “Me enamoré de inmediato del estilo de producción; se sentía peculiar, incluso fuera de tono.”

Más allá del contexto, Ruido Tovar también es un juego de palabras, un homenaje sutil y una deconstrucción sonora del legado del ícono mexicano Rigo Tovar, quien revolucionó la cumbia al incorporar el Moog y, según la leyenda, recorría Matamoros en un Ferrari rosa personalizado. Su extravagancia —con atuendos de vinipiel, lentes oscuros y un amor inquebrantable por la fiesta— queda perfectamente capturada en el sencillo Ritmo Babilonia.